Los hermanos Vargas nacieron en Arequipa en condiciones humildes; Carlos en 1885 y Miguel en 1887. Talentosos, trabajadores y ambiciosos, se inscribieron en la Escuela de Artes y Oficios del Colegio Salesiano, donde fabricaron su primera cámara fotográfica, con la que ganaron una medalla de plata. Esta hazaña llamó la atención del destacado fotógrafo Max T. Vargas, dueño de uno de los dos mas grandes estudios de Arequipa y, en 1900, los hermanos Vargas se hicieron sus aprendices. Allí practicaron las últimas técnicas fotográficas. Aprendieron a componer, revelar y retocar las fotos para satisfacer los gustos de los clientes más exigentes.

Los hermanos Vargas, discípulos de Max T. Vargas.
Los hermanos Vargas, discípulos de Max T. Vargas.

El 16 de agosto de 1912, abrieron el Estudio Vargas Hnos. en el Portal San Agustín nº 11. Organizaron dieciséis exposiciones para exhibir sus mejores registros. Sus imágenes comenzaron a aparecer con mucha frecuencia en revistas nacionales y extranjeras de la época. El estudio es también refugio de artistas: Donde los hermanos Vargas la intelectualidad «de avanzada» hizo polémicos encuentros, conferencias y recitales.

A medida que la fama de Miguel y Carlos Vargas crecía, sus logros fueron reconocidos internacionalmente. En 1925 ganaron medallas de oro en el Salón de Arte Fotográfico de Buenos Aires y el Gran Premio de Honor y Medalla de Oro en el Centenario de la Independencia de Bolivia.

A fines del siglo XIX las primeras cámaras Kodak crearon una nueva clase de fotógrafos amateurs. Para demostrar que “Una obra de arte no podía ser producto de un simple artefacto mecánico”, los fotógrafos buscaron crear imágenes más pictóricas o “artísticas”. Desarrollaron nuevas técnicas de impresión para reproducir muchos de los efectos tradicionales de la pintura y del grabado. Este movimiento se hizo conocido como pictorialismo.

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A pesar de la marcada influencia pictorialista en su obra, sobre todo en los nocturnos, con sus evocaciones poéticas y misteriosas de la ciudad durmiente. Formados en un ambiente comercial, los Vargas nunca fueron doctrinarios y variaron su estilo según el tema y los gustos del cliente.

Todo cambió en 1929 con la depresión mundial. Los fotógrafos se vieron obligados a cultivar una nueva clientela de poco dinero y menos pretensiones. La fotografía, antes un lujo, ahora debía estar al alcance de todos, poniendo fin a la época dorada de los estudios tradicionales.

Poco a poco desaparecieron las estenografías elaboradas, las poses inspiradas y gran parte de la creatividad que antes fueron el sello del Estudio Vargas Hnos. En su lugar quedó un estudio moderno, más popular y comercial. Sin embargo, mantuvo su prestigio en Arequipa hasta la disolución de la sociedad familiar en 1958.

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